El estilo de Cristina
Aunque nunca ocupó un cargo ejecutivo, Cristina Fernández de Kirchner sabe lo que es el poder. Hace cuatro años y medio que vive en la residencia presidencial de Olivos. Y 20 que observa a su marido en acción, primero como intendente de Río Gallegos, más tarde como gobernador y luego como presidente. Pero la experiencia política de Fernández no fue sólo de testigo. Desde 1989 hasta hoy fue diputada y senadora. Casi dos décadas junto a su marido le han permitido construir un estilo propio en la lucha por con diferentes enemigos de turno (el FMI, los militares, la Iglesia, la oposición, la prensa y empresarios locales e internacionales). Estos enfrentamientos permanentes le trajeron beneficios y críticas. Cristina imitó ese estilo al inicio de la campaña, cuando se mostró más confrontante y eligió compararse con la Evita “del puño crispado”. Junto a sus asesores, concluyeron que la crispación podía hacerle restar votantes. Bajó entonces el tono de sus discursos (antes solía levantar demasiado la voz) y empezó a aludir a sentimientos y cuestiones emocionales en los actos.
En su primer discurso como presidenta electa, en la noche del 28 de octubre, llamó a “la unidad”, y dijo: “Quiero convocar a todos, sin odios ni rencores”. Durante estas semanas, y después de que asuma, intentará sostener una posición más conciliadora. Pero sus críticos temen que sean falsas esperanzas. Un día después de ganar las elecciones, llamó al diálogo con la oposición, pero momentos después se mostró ofuscada porque casi ningún dirigente la había llamado para felicitarla por su triunfo.
Otra característica propia de los políticos que también se aplica a Fernández es la desconfianza. En especial, con los funcionarios que no provienen de Santa Cruz ni de su núcleo de conocidos de siempre, contaron a Newsweek fuentes del “kirchnerismo”. Los dirigentes de primera línea consultados creen que su Gobierno, igual que el de Kirchner, será hiperpersonalista. Un secretario de Estado, que la conoce hace 15 años, señala que Cristina “se molesta cuando los funcionarios toman vuelo propio, como sucedió con Bielsa, Lavagna y Béliz”. La misma fuente resalta que es más receptiva que su marido. Kirchner suele armar reuniones con muy poca gente. Escucha las posiciones de cada uno y después las analiza en privado y toma una decisión. “Cristina, en cambio, es más abierta al debate y las discusiones más numerosas”, aseguran. Es una incógnita si esta predisposición implicará el debut de las reuniones de gabinete en la Casa Rosada.
Uno de los desafíos personales que tendrá la primera dama es el ejercicio de la templanza frente a un carácter fuerte e irascible. Un secretario de Estado que pidió no ser identificado definió la personalidad de la presidenta electa como “inteligente-apasionada”: “Es una mujer racional pero a la vez vehemente”. “Muy iracunda”, suele describirla el ex presidente Alfonsín.
Durante el inicio de su gestión deberá despejar otro fantasma: el de la inexperiencia ejecutiva. En el “kirchnerismo” aseguran que muchas de las principales medidas del Gobierno fueron proyectadas por ella, como el pago de la deuda al FMI y la renovación del mecanismo de designación de los jueces de la Corte Suprema. Fernando Braga Menéndez, el publicista presidencial, agrega adjetivos: “Es muy estudiosa, obsesiva y hacendosa”. Con mucha cautela, un secretario de Estado, que pidió reserva de su nombre por razones obvias, teme por la energía de Fernández y su capacidad de trabajo: “Para ser un buen presidente en Argentina se necesitan muchas horas de esfuerzo físico a un ritmo demoledor. Cristina está demasiado acostumbrada al trabajo legislativo y sufrirá el impacto del cambio de ritmo”.
Aunque no hay noticias concretas sobre el futuro gabinete, la presidenta electa promete un elogio de la lealtad. Jamás se escuchará de su boca una queja contra Julio De Vido, el ministro de Planificación Federal. Incluso analiza mantenerlo en su puesto, y hacer algo similar con el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a quien apartaría de su cargo y del INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) pero llevaría a otro puesto de la administración pública.
Los futuros vínculos con la prensa aún son inciertos. “Si son medios de comunicación y no de oposición voy a tener una buena relación con los periodistas”, señaló en Olivos en una entrevista con Joaquín Morales Solá. Fuentes cercanas del gobierno argentino aseguraron a newsweek que Cristina Fernández analizaría remover a Miguel Núñez, el vocero presidencial que no hace declaraciones a los medios (aunque lo nombraría secretario privado). Sostienen que su relación con la prensa será esencial para los primeros dos años de gobierno “y la percepción que transmita a la clase media”.
Por último, Cristina, está claro, conservará la mesa chica que acompañó a Kirchner en su primer gobierno. Ahora, en el sillón, se sentará ella. Algunos funcionarios temen que el trabajo diario genere conflictos entre los dos. Hasta ahora, como ocurrió siempre en su carrera política, Néstor escuchaba a Cristina, le hacía caso o no, pero siempre tenía la última palabra. Kirchner era el intendente, el gobernador o el presidente. ¿Qué pasará ahora que Cristina Fernández será la Presidenta? Nadie en el Gobierno se anima a especular al respecto: son cuestiones que se definirán en la intimidad de la habitación presidencial de Olivos. Tampoco existen experiencias similares en la historia. Es inédito que un ex presidente y su sucesora vivan juntos en una misma casa.
En su primer discurso como presidenta electa, en la noche del 28 de octubre, llamó a “la unidad”, y dijo: “Quiero convocar a todos, sin odios ni rencores”. Durante estas semanas, y después de que asuma, intentará sostener una posición más conciliadora. Pero sus críticos temen que sean falsas esperanzas. Un día después de ganar las elecciones, llamó al diálogo con la oposición, pero momentos después se mostró ofuscada porque casi ningún dirigente la había llamado para felicitarla por su triunfo.
Otra característica propia de los políticos que también se aplica a Fernández es la desconfianza. En especial, con los funcionarios que no provienen de Santa Cruz ni de su núcleo de conocidos de siempre, contaron a Newsweek fuentes del “kirchnerismo”. Los dirigentes de primera línea consultados creen que su Gobierno, igual que el de Kirchner, será hiperpersonalista. Un secretario de Estado, que la conoce hace 15 años, señala que Cristina “se molesta cuando los funcionarios toman vuelo propio, como sucedió con Bielsa, Lavagna y Béliz”. La misma fuente resalta que es más receptiva que su marido. Kirchner suele armar reuniones con muy poca gente. Escucha las posiciones de cada uno y después las analiza en privado y toma una decisión. “Cristina, en cambio, es más abierta al debate y las discusiones más numerosas”, aseguran. Es una incógnita si esta predisposición implicará el debut de las reuniones de gabinete en la Casa Rosada.
Uno de los desafíos personales que tendrá la primera dama es el ejercicio de la templanza frente a un carácter fuerte e irascible. Un secretario de Estado que pidió no ser identificado definió la personalidad de la presidenta electa como “inteligente-apasionada”: “Es una mujer racional pero a la vez vehemente”. “Muy iracunda”, suele describirla el ex presidente Alfonsín.
Durante el inicio de su gestión deberá despejar otro fantasma: el de la inexperiencia ejecutiva. En el “kirchnerismo” aseguran que muchas de las principales medidas del Gobierno fueron proyectadas por ella, como el pago de la deuda al FMI y la renovación del mecanismo de designación de los jueces de la Corte Suprema. Fernando Braga Menéndez, el publicista presidencial, agrega adjetivos: “Es muy estudiosa, obsesiva y hacendosa”. Con mucha cautela, un secretario de Estado, que pidió reserva de su nombre por razones obvias, teme por la energía de Fernández y su capacidad de trabajo: “Para ser un buen presidente en Argentina se necesitan muchas horas de esfuerzo físico a un ritmo demoledor. Cristina está demasiado acostumbrada al trabajo legislativo y sufrirá el impacto del cambio de ritmo”.
Aunque no hay noticias concretas sobre el futuro gabinete, la presidenta electa promete un elogio de la lealtad. Jamás se escuchará de su boca una queja contra Julio De Vido, el ministro de Planificación Federal. Incluso analiza mantenerlo en su puesto, y hacer algo similar con el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a quien apartaría de su cargo y del INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) pero llevaría a otro puesto de la administración pública.
Los futuros vínculos con la prensa aún son inciertos. “Si son medios de comunicación y no de oposición voy a tener una buena relación con los periodistas”, señaló en Olivos en una entrevista con Joaquín Morales Solá. Fuentes cercanas del gobierno argentino aseguraron a newsweek que Cristina Fernández analizaría remover a Miguel Núñez, el vocero presidencial que no hace declaraciones a los medios (aunque lo nombraría secretario privado). Sostienen que su relación con la prensa será esencial para los primeros dos años de gobierno “y la percepción que transmita a la clase media”.
Por último, Cristina, está claro, conservará la mesa chica que acompañó a Kirchner en su primer gobierno. Ahora, en el sillón, se sentará ella. Algunos funcionarios temen que el trabajo diario genere conflictos entre los dos. Hasta ahora, como ocurrió siempre en su carrera política, Néstor escuchaba a Cristina, le hacía caso o no, pero siempre tenía la última palabra. Kirchner era el intendente, el gobernador o el presidente. ¿Qué pasará ahora que Cristina Fernández será la Presidenta? Nadie en el Gobierno se anima a especular al respecto: son cuestiones que se definirán en la intimidad de la habitación presidencial de Olivos. Tampoco existen experiencias similares en la historia. Es inédito que un ex presidente y su sucesora vivan juntos en una misma casa.
